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La aventura tasmana: Día 3 y despedida

  1. Melbourne, ciudad de gente rara
  2. Tasmania? ¿Donde coño está Tasmania?
  3. La aventura tasmana: Día 1
  4. La aventura tasmana: Día 2
  5. La aventura tasmana: Día 3 y despedida
  6. El jodío Papa
  7. Hablemos de Sydney
  8. Newcastle y las dunas de arena gigantes
  9. En que se parecen un australiano y un yanqui
  10. Brisbane y el Timo Australiano
  11. Fraser Island
  12. Las ballenas Humpack
  13. Adiós a Australia, gracias Linsday Pearson
  14. Por un puñado de dólares (Australianos)

El tercer día no fué tan bien…y todo por culpa del tiempo. Tanto del tiempo de reloj (teníamos que hacer una distancia larga en un día) como del meteorológico (llovía y hacía frío).

Por culpa de las prisas, tuvimos que elegir qué queríamos ver ese día (sólo una cosa). Entre varias opciones, nos quedamos con Cradle Mountains. Se trata de un parque con montañas, lagos y una vegetación bastante peculiar.

Al llegar nos encontramos lluvia, pero decidimos cubrirnos como pudimos y hacer las 2 horas de trayecto igualmente. Fué un poco duro, y la visibilidad no era muy buena, por lo que decidimos no llevarnos la cámara (más que nada por la lluvia).

Aparte de ese paseo (que a pesar de todo nos mostró algunas de las vistas  más bonitas de Tasmania) no pasó nada en el viaje, excepto mucha lluvia y muchas horas de coche.

Llegamos a Hobart exhaustos. Todo fueron palabras de agradecimiento hacia Jason y de amistad hacia Miren…tanto que quedamos para tomar algo al día siguiente, cuando Jason saliese del trabajo.

Al día siguiente, Miren estaba a primera hora en el hostal para pasar la mañana con nosotros. A las 16:00 ella se fué a ver a Jason al pub y nosotros nos quedamos un poco rezagados buscando hostal en Tokyo.

Cuando llegamos al Pub eran las 17:30.  Nos encontramos con Jason, Miren, Eusebio y Brod.

Eusebio es un catalán que vino con sus padres a Tasmania hace 33 años (tiene 44, aunque aparenta unos 35) y que aún domina perfectamente el castellano y el catalán. Brod es un inglés que ha viajado por medio mundo (como nosotros, pero 3 años), casado con una tailandesa y con una mente muy abierta.

Lo pasamos de fábula. Hacía muuuucho tiempo que no salíamos, tomábamos unas copas y charlábamos con otras personas que no fuésemos nosotros. Bebimos y hablamos sin reparar en el dinero (algo muy relajante)…y al final la cuenta no salió tan mal.

Nos fuimos al hostal a las 00:15 con bastante pena, pero con la mirada puesta en el reloj y las 4 horas que nos quedaban de sueño. La noche fué perfecta. Un final idóneo para una experiencia que será recordada más por la gente que por el lugar.

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