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Día de paso en Reykjavik

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  2. Día de paso en Reykjavik
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Desde Keflavik a Reykjavik hay que coger un autobús, para ir a la parada hay que caminar unos 5 minutos, pero al jefe del hostal le debimos dar tanta pena con tantas maletas y con los dos bebés que nos llevó a la terminal. Todo el mundo es muy considerado con los niños.

Llegamos a Reykjavik a nuestro confortable hostal y nos dimos un paseo por la centro de la ciudad. La conclusión es que si quieres comer bien te tienes que dejar un dineral en el asunto, pero si comes pizza o fast food es algo menos caro. Esto va a acabar con nuestra dieta.

Después de zamparnos un par de pizzas gigantes dimos una vuelta por el centro y llegamos a la iglesia, no vamos a decir que es bonita, porque bonita no es, pero sí es peculiar y espectacular. Sandra y Fani subieron a sacar unas fotos panorámicas desde el campanario.

Tuvimos la suerte de coincidir con un festival internacional de conciertos de órgano, y nos apeteció escuchar uno en el órgano gigante que tenían en la iglesia. Hugo estuvo aguantando dormido todo el estruendo, durante media hora, luego se despertó y tuvimos que huir de la iglesia un cuarto de hora antes de que acabase el concierto. No estuvo mal.

Hay que decir que entre que se despertó y empezó a chillar (no a llorar, sino a chillar de excitación), estuvo muy atento a la música, buscando de donde venía aquel sonido.

Fuera hace frío, por lo que paramos en el emblemático café Loki a calentarnos antes de volver al hostal.

Esta vez sí descansamos bien. Lo más reseñable fue el concierto de órgano y constatar que viajar con los bebés va a requerir mucha paciencia y comprensión.

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