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Se nos acumula la faena!

  1. San Petersburgo, primeros días
  2. Hoy vamos a comprar los billetes…(y nada más)
  3. Bon Apetit…
  4. Se nos acumula la faena!
  5. Adiós St. Petersburgo. ¡Hola Moscú!
  6. Haciendo de turista en Moscú
  7. Big Bag, No Kremlin. My name is Sam. I’m Sorry
  8. Nuestra experiencia en el transiberiano
  9. Problem, Problem!
  10. Burocracia, su lechuguita
  11. Adiós madre Rusia

Entre una cosa y la otra, hemos dejado el Blog desatendido y han pasado un montón de cosas.

Al día siguiente de nuestra conversación política con Alicia nos fuimos a Peterhof (El Palacio de Verano de Pedro el Grande). Peterhof no está en San Petersburgo, sino a las afueras. Para llegar, había que tomar un tren y un autobús de línea. Después de nuestra odisea para comprar los billetes desde San Petersburgo a Moscú, nos preparamos para lo peor…

Y llegamos a la primera. Cero problemas. Excepto que nos olvidamos de poner la batería de la cámara en la cámara…(por lo que las fotos a continuación están sacadas de Internet, y son parecidas a lo que vimos)

Orgullosos de nuestra pericia, llegamos a un pueblo completamente cubierto por la nieve. El autobús nos dejó en la puerta del palacio. Enfrente de la puerta, la catedral de San Pedro y San Pablo. O aun no estamos saturados de templos o era realmente bonita. El caso es que nos impresionó su exterior.

Entramos en Peterhof, y la entrada fue en sí la mejor experiencia en Rusia. Un pasillo de árboles y setos cubiertos con sacos (para protegerlos de la nieve) formaban un pasillo perfectamente simétrico de unos 1000 metros de largo que nos llevaba a la entrada del palacio. Era como la entrada de Versalles, pero completamente blanca.

La nieve lo cubría absolutamente todo. Era nieve virgen, sin una sola pisada. Todo era perfecto y estábamos solo caminando por la nieve, oyéndola crepitar a cada paso. Nos sentimos como críos. nos lanzamos nieve. Corrimos en la nieve para sentir que éramos los primeros en pisarla. Caminamos despacio para sentir como se hundía haciendo un sonido al que no estamos acostumbrados.

 

Nuestro juego duró unos 10 minutos, hasta que llegamos al palacio. No había turistas ni señales de la entrada.

Tras algunas vueltas nos encontramos con 2 rusos vestidos de músicos del siglo XVIII o XIX (pelucas blancas, mallas, etc.) Nos preguntaron de donde éramos, y a continuación nos tocaron EL HIMNE DELS SEGADORS!

Tras recuperarnos del shock (una cosa es que le digan “Bon dia”, otra que toquen el himne dels segadors en San Petersburgo), entramos en el palacio.

1000 rublos más tarde estábamos con unas zapatillas de papel (para no estropear el parqué) recorriendo una de las expresiones más bizarras que hemos visto de ostentación y vanidad, ejecutada eso si con bastante buen gusto.

Salimos contentos de la visita, comentando los detalles dorados, lo recargado del estilo barroco y con la seguridad de que nos olvidaríamos del palacio a los 2 meses. Pero no del parque nevado, así que volvimos a pasear unos 30 minutos mas entre pasillos inacabables de árboles cubiertos de nieve. Volvimos a tirarnos bolas de nieve, golpear los árboles para ver como nos caían copos como pelotas y en general comportarnos como críos ante uno de los paisajes más bellos que hemos visto.

Salimos directamente hacia el café más cercano. Estábamos a 6 grados bajo cero, y empezábamos a no sentirnos la cara. De ahí a la estación del tren, donde nos paramos a tomar unos “kebabs” en un antro, mezcla de discoteca de pueblo de los 80 y puticlub de los 90. La camarera parecía un travesti, y cualquier control de sanidad habría revelado que eso en realidad era un vivero experimental de nuevas especies. Aún así, estaba bueno y nos sentimos como en la Rusia más auténtica.

Tren de vuelta a San Petersburgo. Ducha, juegos en el ordenador, siesta y a las 18:00 salimos hacia nuestro “lujo” en St. Peter: Un espectáculo folcklórico ruso.

La verdad es que el espectáculo estuvo bien, y como no, me sacaron a bailar (a hacer el ridículo más bien). Para colmo, nuestras galas desentonaban completamente con la pomposidad del teatro, con lo que el ridículo fue aun mayor.

Nos fuimos a dormir con un par de copas de cava, unas tostadas de caviar ruso y unos chupitos de vodka que estaban incluidos en el espectáculo.

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