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Ruinas, Elefantes y Calvos de naranja (Ayutthaya)

  1. Bangkok: Luz, color y zumo de sandía
  2. Mañanita de Templos en Bangkok
  3. Un día de compras por Bangkok
  4. Ruinas, Elefantes y Calvos de naranja (Ayutthaya)
  5. El paraíso cuesta…
  6. Trabajando duro para no hacer nada
  7. Primeras Inmersiones!
  8. Ya somos peces!
  9. El año nuevo budhista en Phuket

Nos despedimos de Bangkok, una ciudad maravillosa pero con opciones muy reducidas si no estás dispuesto a quemar dinero…y no es nuestro caso. Después de la carísima Rusia y de los desmadres de China, estamos llevando un control muy estricto del presupuesto, día a día. En Tailandia nuestro presupuesto es de 30 euros sin contar transporte (alojamiento, comida, transporte dentro de la ciudad, compras, etc.)

De Bangkok fuimos a Ayutthaya a ver unas ruinas bastante comentadas en todas las guías de viaje y es patrimonio de la Humanidad. Decidimos no seguir hacia el norte (Chian Mai) porque a 38º el cuerpo nos pide playa por todos los poros. Decidimos que Ayutthaya estaba suficientemente cerca de Bangkok como para hacer un viaje de ida y vuelta (1,5 horas en tren) y ver algo de la historia de Tailandia (y no sólo sus playas).

Llegamos a allí a mediodía, con el sol en su punto más álgido. No quisimos caminar mucho buscando hostal, y decidimos quedarnos en uno que, si bien no era una pasada, era barato y tenía piscina. Nos pasamos toooooda la tarde en la piscina, combatiendo el calor como pudimos.

Al día siguiente nos levantamos tempranito (08:00) y estábamos encima de dos bicicletas alquiladas (por menos de 2 euros las dos todo el día) de camino a las ruinas (a pesar de los miedos de Sandra en cuanto a las bicicletas y las ciudades).

El paseo fué muy agradable. Vimos casi todos los templos en unas 2 horas y media y a nuestro ritmo. Gracias a las bicis el aire nos daba un poquito entre templo y templo.

Unos cuantas cosas hicieron la excursión todavía más interesante: tuvimos que ceder el paso a una caravana de elefantes (que literalmente casi nos empujan del camino) y una procesión de unos 200 monjes budistas (naranjitos) pasaba de templo en templo, ofreciendo algunas estampas bonitas.

La espera hasta el tren se hizo eterna (por el calor), y el viaje hacia Bangkok no fué mucho mejor. El calor nos chafa, nos anula. Dan ganas de pagar lo que sea por un aire acondicionado o algún lugar donde remojarse.

Ya en Bangkok, nuestra nueva Ipod nos entretuvo con un par de capítulos de “24” hasta que cogimos el bus que nos llevaría hasta Surat Thani y de ahí a Ko Phangan. En total, desde Ayutthaya hasta nuestra isla, fueron 24 horas de viajes y esperas.

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