• Menu
  • Menu

Yataaaaaaa!!!

  1. Yataaaaaaa!!!
  2. Regreso al futuro VI: Tokyo
  3. Ooooohhhh Psssshhhhhh!!!
  4. Regreso al pasado: Kyoto
  5. Cazando Geishas!
  6. Una noche en el templo
  7. Las 50.000 linternas de Nara
  8. La hermana fea de Japón: Osaka
  9. El Castillo de Himeji
  10. Kanazawa
  11. Samurais y Geishas
  12. Hiroshima
  13. El Volcán Aso y los infiernos de Beppu
  14. Solos en Hakata

Llegamos a Nagoya muy relajados. Empezaron las primeras experiencias japonesas. Todo el aeropuerto superlimpio, impoluto, música relajante. Y… entramos al lavabo.

Las luces se encendieron automáticamente, el lavabo (nos referimos a lo comúnmente llamado “retrete”) tiene música, odorizador, lavaculos, lavabajos y secador de ambos. Tirar de la cadena es automático. El dispensador de jabón, el agua y el secador de manos todo automático, pero como en una peli futurista.

De Nagoya aeropuerto teníamos que ir a Nagoya ciudad a coger un autobús nocturno que nos dejaría en Tokyo a las seis y media de la mañana. Era un palizón pero teníamos ganas de ver a la familia que nos estaba esperando.

Cogimos un tren a la ciudad y ya descubrimos 2 normas del transporte japonés. Los trenes son puntualísimos pero también muy caros. Las estaciones de tren son modernas y complicadas a matar sobretodo si no hablas el idioma, y digamos que los japoneses no saben mucho que es el inglés.

Otra sorpresa de Japón, la comida es barata y de muy buena calidad. De hecho es más barato que España y mucho más barato que Australia.

Legamos a la estación de autobús gracias a una japonesilla la mar de simpática que nos llevó directamente. Durante el camino nos llamaba la atención, los carteles y pantallas gigantes, el neón y los japoneses porque somos tan distintos.

El viaje en bus barato ( y decir bus barato en Japón es decir bus muy cutre) llegamos a Tokyo. Hacía un calor agobiante y las mochilas nos pesaban un montón. El metro de Tokyo es una puta locura, es el resumen perfecto.

Llegamos a nuestro hostal, dejamos las mochilas porque no podíamos entrar en las habitaciones hasta las tres de la tarde y nos fuimos a buscar a la family a su hotel. Después de perdernos y ya hartos del calor (sólo eran las 10 de la mañana), nos encontramos en un paso de cebra. Los saltos de alegría, los besos y abrazos en medio del paso de cebra llamaron la atención de los japoneses. Nos importó bien poco, llevábamos 7 meses sin vernos. Acababa d empezar la aventura japonesa.

 

Responder a Alex Ruiz Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

1 comment