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Caburé, el faro y el Rio Preguiças

  1. Un largo viaje hasta Brasil
  2. Rumbo a Río
  3. Lençois Maranhenses
  4. Caburé, el faro y el Rio Preguiças
  5. Traslado Infernal, ahora con niños!
  6. Visitando el paraíso
  7. Segundo día de playas
  8. Nos despedimos de Noronha
  9. Casita de colores y buen rollito
  10. Joao Pessoa, un descanso en el camino
  11. Capoeira y samba en Salvador
  12. Contrastes en Salvador
  13. Preparándonos para las Cataratas
  14. Cataratas de Iguazú: Lado Argentino
  15. Cataratas desde el lado brasileño y un asado argentino
  16. Sao Sebastiao do Rio do Janeiro
  17. Haciendo el Guiri en Rio

Salimos a las 9 de la mañana desde la pousada hasta el puerto, precio del tour 350 reales por ser privado. Nos embutimos en chalecos y en nuestra embarcación empezamos a recorrer el río Preguiças. El río discurre rodeado de selva y dunas de arena, algo realmente extraño y bonito.

El tour nos sorprendió gratamente,  y todos pensamos que si la frondosidad de la selva de aquí era tal, como debía de ser el Amazonas. Ufff para pensarlo.

Nuestro guía tenía muy buen ojo, y nos enseñó cosas increíbles de la fauna y de la flora, de las que algunos nombre ya hemos olvidados. Entre otros vimos gavilanes, Martín Pescador, aves rojas y azules, cocodrilos, peces que salían a cazar insectos en la superficie y se desplazan por encima del agua como si caminasen sobre ella. Vimos iguanas y unos murciélagos pequeños pequeños que duermen debajo de las ramas más bajas de la selva.

Nuestra primera parada para almorzar en Vassouras, un chiringuito rodeado de dunas y lleno de brasileños. Las dunas eran llamados los Pequenhos Lençois, pues eso, no hace falta añadir nada más. Las vistas increíbles, el calor otro tanto.

Seguimos nuestro viaje hacia Caburé un pueblo pequeño situado entre dos costas por así llamarlo, la costa del Mar con una playa espectacular  por el frente y la costa del río por detrás. Entre ambas costas, dunas y dunas y dunas.

Llegamos sedientos y paramos en un chiringuito a comer, otra clavada por unos camarones, ni siquiera de los mejores que hemos comido,  y pescado. Todo acompañado como es costumbre de arroz, frijoles y farufa que a nosotros nos recuerda un poco a quicos molidos. La verdura brilla por su ausencia. Los niños se pusieron morados de pescado y nosotros nos pusimos verdes al pagar la cuenta, pero ya estamos acostumbrándonos, 200 reales.

De ahí a la playa. La playa era ancha y poco profunda, con lo que había que caminar mucho para que cubriese, no lo intentamos porque por más que andabas nunca te cubría lo suficiente. Los niños no paraban de reir y saltar, había oleaje y le añadía un puntito a la experiencia, los tuvimos que sacar a la fuerza. Nota, la marea sube rápido y lo que antes estaba lejos  en un momento está muy cerca…tuvimos que correr.

Ya secos y cansados nos tomamos unos zumos de maracuyá por 20 reales, si lo pasas a euros es carísimo, pero así es el paraíso.

Otra vez en barca hasta el faro de Mandacaru,Kordi y Fani lo subieron pero nosotros nos quedamos a la sombra comiendo unos helados.

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