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Trabajando duro para descansar en Budapest

Si algo tenemos claro, es que este es un viaje de nuestro tiempo, el tiempo de la razón y de no creer en augurios ni en supersticiones. Porque si nos creyésemos el más mínimo cuento paranormal, habríamos interpretado que los dioses NO querían que hiciéramos este viaje.

Desde el minuto 1 todo se puso en nuestra contra. Enumeremos:

  1. Salimos 45 minutos tarde de casa. Y sin gasolina…tenemos que parar a repostar.
  2. Llegamos al parking de larga estancia que alquilamos meses antes. Lleno. Nos mandan al parking normal con un sello que se supone nos dejará salir a precio reducido. Mi hermano se PIERDE en un parking.
  3. Nos encontramos, pasamos el control de seguridad y nos vamos a tomar algo. Mientras estamos tomando algo “tranquilamente” (los niños a 10.000 RPM), a Sandra se le salta un alambre de los dientes…como de 5 cm, sobresaliendo por la boca. Al principio nos reímos…hasta que no puede cortarlo…por fin lo corta. Nos hemos acojonado un poco.
  4. Justo cuando tenemos que ir a coger el vuelo, Héctor se tiene que ir al lavabo. Cuando miramos el monitor de nuevo: ULTIMA LLAMADA. Acabaos corriendo y entramos los últimos, con los de la compañía amenazando a cerrar puertas. Por los pelos! Estamos con los nervios en flor.
  5. Anuncian que el avión no va a despegar hasta dentro de 1 hora…nos queremos morir primero…y matar a nuestros hijos después.
  6. Por fin despegamos (90 minutos tarde). Despegamos en medio de tormentas, con rayos cayendo a cada lado del avión…feo feo.

Por fin llegamos a Budapest, y parece que la fortuna nos sonríe un poco. El transportista nos ha esperado y el piso alquilado es una pasada. Los niños están muertos de sueño o dormidos, así que ahí acaba el día…a las 03:00 am.

A qué hora nos despertaron los niños al día siguiente? A las 08:00. Vivan las vacaciones en familia!

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