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La inesperada belleza de la nada

Nos despertamos temprano, después de una noche de cama y nórdico normales (nada que ver con la tienda) y sin saber muy bien que hacer con nuestro domingo. Lo que nos despertó fueron las campanas de las 07:30 que la iglesia luterana tocaba alegremente a 100 metros de nuestro hotel – no fuese que a nadie se le olvidase la misa del domingo.

Después de buscar sin éxito una panadería abierta, nos dimos cuenta de que Swakopmund es un trozo de alemania (del siglo pasado) en medio de África. Los edificios, las callers…todo es alemán.

Llamamos a la agencia de alquiler de coches y nos confirmaron que el coche no estaría hasta el lunes por la tarde…Después contactamos con Uber Kessler, conductor de un 4×4 que ofrece sus servicios de guía. Planificamos un día por Walvis Bay, Sandwich Beach y las dunas. No sabíamos muy bien qué íbamos a ver, pero necesitabamos rellenar el día y aquí TODO está cerrado en domingo (son muy católicos)

El tour fue supercompleto, y Uber nos explicó muchísimas cosas sobre el desierto, las tribus, el gobierno Namibio, el papel de los alemanes…y aunque tenía sesgos evidentes (a favor de los alemanes, en contra del gobierno), nosotros escuchamos atentamente. Su pasión por el desierto y su risa espontánea cada vez que veíamos un animal eran muy refrescantes (alguien que ha hecho algo durante años y sigue disfrutando como un niño es algo envidiable)

Vimos muchos animales – antílopes, gacelas, focas, chacales, geckos, escarabajos, cormoranes, gaviotas, cientos de flamencos volando…y huellas de hienas.

Además de la fauna, los paisajes – espectaculares. Eran las mil y una manera de completa desolación y vacío. Un vacío “la nada”, que podía manifestarse en forma de dunas, montículos, planicies…y que era invariablemente bella. Te sientes pequeño pero tranquilo – no es un sentimiento negativo…uno se siente minúsculo pero tranquilo.

Los niños se tiraban por las dunas, desubrían piedras o insectos…o simplemente corrían libres por el desierto. Uber nos regaló con una conducción divertida entre las dunas (subiendo y bajando casi en vertical con un Landcruiser que parecía capaz de todo)

Al final sacamos lo mejor de la situación – si no senos hubiese estropeado el coche no hubiésemos contratado los servicios de Uber – y nunca habríamos visto lo que hemos visto hoy, que sin duda será uno de los recuerdos más bonitos del viaje.

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