Este año, después de que Sebas no parase de decir durante meses que no quería gastar mucho dinero en vacaciones, decidimos pasar las navidades entre New York, Puerto Rico y República Dominicana. Para que se sepa lo que manda Sebas en esta familia! Estamos entre el matriarcado y el Señor de las Moscas.




El plan original era ir a Republica Dominincana…pero nos engañaron con un vuelo “barato” a NYC y decidimos darles el capricho a los niños, que siempre han querido ver NYC (en la misma lista de destinos cinematográficos en la que está Paris y Tokio) – y dejadme deciros una cosa – aquí el dinero se gasta al mismo ritmo que la suela de los zapatos. No hacemos otra cosa que caminar y gastar dinero, pero vamos a los detalles y a las fotitos que es lo que interesa.
Llegamos por la noche y nos fuimos a dormir enseguida. El hotel (Hyatt Place Flushing) no es realmente un 4 estrellas como lo venden, digamos que un 3,5 estrellas. Las camas son cómodas y el sitio es correcto, pero está en medio de un barrio chino muy grande y aquí lo que prima es el precio, así que el desayuno es muy mínimo y con guiños a los chinos (como sopa de Miso para desayunar). En la entrada hay periódicos chinos y todo el personal es asiático. Todos los restaurantes de la zona son chinos, taiwaneses, japoneses o coreanos. La verdad es que no sabíamos si habíamos llegado a NYC o a Beijing.



Al día siguiente nos levantamos temprano, tomamos nuestro super breakfast y salimos…y volvimos a entrar a cambiarnos. El frio nos metió para adentro en 2 minutos y volvimos a salir con ropa más abrigada. -6 grados. Sebas tuvo que comprar unos pantalones más abrigados en un mercadillo de la zona por 15 USD. Aquí ya empezamos a oír el acento típico de los americanos “Jimmy, gimme 5”. Como se esperaba, todo parece sacado de una serie de TV.
Tomamos el metro hacia Manhattan (los niños no vieron los cientos de ratas que esperaban) y llegamos al sitio más icónico de la ciudad: Times Square.







La verdad es que cuando lo miras con ojos tranquilos, no es más que un montón de pantallas iluminadas todas juntas…pero si te sueltan ahi en medio de repente, los estímulos son tantos que tardas bastante en darte cuenta del montaje…es un poco como el Mago de Oz – tardas un rato en ver los cables y los espejos – hasta entonces, la sensación es de desbordamiento sensorial (y codazos)



Esto les encantó a nuestros hijos, pero sobretodo a Hugo, que se obsesionó con encontrar la foto perfecta (la que saca todo el mundo). Dimos varias vueltas por la zona y sacamos fotos y fotos con la promesa de volver por la noche. Yo no podía parar de pensar que la última vez que estuvimos aquí era para celebrar la victoria de Obama…cómo ha cambiado este país es tan poco tiempo.
Nos fuimos caminando hasta Central Station, otro lugar de película (la gente piensa en X-men, pero nosotros que somos viejos tenemos en mente películas más antiguas de mafiosos). Está vez paseamos por el mercado que hay en la planta inferior (donde los pijos de NYC vienen a comprar comida saludable) y nos dieron buenas noticias desde España – el padre de Sebas se recupera bien de un ingreso.



La siguiente parada fue una tienda enorme dedicada al mundo de Harry Potter – una máquina de hacer dinero donde la gente hacía colas para tocar y ver objetos de plástico relacionados con una fantasía que evocaba nostalgia dedicada su niñez – junto a niños que aun no saben que dentro de 30 años seguirán pagando por esa nostalgia. Pasamos casi 45 minutos decidiendo en qué se podía gastar su presupuesto (que empezó en 10 USD y acabó en 40 USD – así son los precios aquí). A Sandra se le ocurrió sugerir un punto de libro…para las carcajadas de toda la family.


La última parada del día (porque no os vamos a explicar las horas y horas de caminata por la ciudad) fue otra vez Times Square, pero de noche. Está vez los estímulos se multiplicaron por el efecto de las luces nocturnas y porque encontramos a un grupo de K-pop grabando un video en medio de la calle – ahora los dos niños estaban alucinando. Hugo tuvo por primera vez (después de haber estado en 5 continentes) la sensación esa tan guay de “no me puedo creer que yo esté aquí” – y no ha sido viendo ballenas ni cataratas gigantes…sino pantallas de colores. Sea como sea, así se crean los nuevos adictos al viaje.











A pesar del frío se nota que los niños se lo pasan pipa, la foto de Amalia con los zapatones, genial. Cuando estarán a ritmo caribeño? Los queremos mucho como la trucha al trucho y más allá (Mía dixit)