Salimos de San Juan a La Ceiba a las 13:40 horas (un trayecto de hora y veinte aproximadamente) para coger el ferry que nos llevaría a Vieques (una pequeña isla de Puerto Rico). El trayecto dura apenas un ahora, y te plantas en una isla mucho más rural que Puerto Rico, pero como llegamos por la tarde y el 1 de enero , había pocos lugares abiertos. Compramos comida en el supermercado que parecía arrasado y cenamos tranquilos en nuestro apartamento vetusto y sin ventanas en las habitaciones.
Los gallos dieron por saco lo suyo, porque si bien un gallo canta al amanecer, en Vieques cantan cuando les da la gana.
Tras el desayuno nos plantamos en una oficina para contratar un tour de snorkel, uii está todo lleno, en este, y en el siguiente…. Pero no es temporada alta, ya no se que ha pasado este año…. Pues que hemos venido nosotros!.
Así que Sandra había encontrado en el apartamento una tarjeta de un tal Angelo Rosa y llamó. Angelo nos llevó a hacer snorkel a playa Caracas, donde estuvimos poco porque cerca de las rocas el mar se estaba poniendo un poco bravo y temíamos que los niños se cansasen demasiado al no hacer pie. De ahí fuimos a la Chiva, una playa preciosa, como una balsa…. Y empezó a llover. Bueno , si nos mojamos por abajo pues por arriba también. Por suerte amainó, y pudimos ver una tortuga a parte de los peces. No estuvo mal.
Al final,hablando con Angelo le alquilamos su coche, queríamos tener total libertad.
Comimos unas empanadas deliciosas por el camino y nos fuimos a la Esperanza para hacer kayak en una bahía luminescente, bahía mosquito, la cuál ostenta el récord de ser la más brillante del planeta. Habíamos llegado temprano y nos dió tiempo a pasear por la playa, tomar algo y pasear por el paseo marítimo bajo una bonita lluvia.
Por suerte la actividad fue genial, la compañía (no se puede hacer por tu cuenta) ofrecía la experiencia en grupos limitados a 5 kayaks y en un primer turno, estábamos solos en la bahía. Fue espectacular, a cada palada de remo se iluminaba el agua, si pasaban peces, se veían como peces rodeados de una estela azul brillante. Pudimos ver algunas aves nocturnas mientras nuestro guía explicaba cosas sobre animales y la población de Vieques. En total estuvimos hora y media, acabamos empapados por el agua de los kayaks, ya que no nos llovió ni una gota y la noche no podría haber estado mejor.
Cuando volvimos a la orilla, observamos como venían grupos de 20-30 personas a montarse en kayaks, haciendo ruido y gritando para encontrarse pues en medio de la noche y sin iluminación si quieres encontrar a alguien entre tanto kayak vas a tener que hacerlo por medio de la voz. Un horror.
Lo que más nos apetecía ese día al llegar al apartamento era una ducha y sopa calientes, y eso es lo que obtuvimos, eso y una película de miedo en familia.
Al día siguiente y con la autonomía que te da el coche en una isla pequeña, decidimos ir a la playa más alejada de la isla, Punta Arenas. La carretera se pone divertida en su trayecto final, y nos preguntamos si merecía la pena el esfuerzo. Y definitivamente sí, mucho, una playa tranquila, aguas cristalinas, palmeras, todo eso, idílico no? Estuvimos disfrutando de eso 2 horas, hasta que vinieron pequeños barcos que atracaban bastante cerca de la orilla y ponían su música a toda pastilla, ya fuese salsa o tecno, o incluso uno estuvo haciendo una barbacoa. En ese momento ya no nos gustó tanto la experiencia, pero de todas formas teníamos que irnos porque esa tarde cogíamos el ferry de vuelta a La Ceiba.
Paramos a cargar gasolina para devolver el coche como estaba, y al volver a arrancarlo….trata de arrancarlo !. Así que la mujer de Angelo nos tuvo que llevar al ferry para no perderlo.
Qué bonitas playas vírgenes tiene Vieques, a ver lo que dura.














Leave a reply