Ningún viaje a NYC está completo sin dos vistas icónicas: la estatua de la Libertad y las vistas desde la cima de alguno de sus rascacielos – así que el plan de hoy era exactamente ese.
Empezamos por la estatua. Nada más bajar del metro, y cometiendo un error básico de primero de viajero, Sandra aceptó la oferta del primero que nos lo ofreció. Error. El barco estaba a más de 15 minutos andando (en medio de la lluvia) y tuvimos que refugiarnos (ya empapados sin remedio) en un edificio lleno de pastelerías super refinadas (ni tan mal). Los niños se comieron unas galletas tan grandes como sus caras.



El viaje fue bastante pesado, sobretodo por la guía, que no paraba de hablar y hablar…y hablar y hablar. Era como una grabación…en medio de las explicaciones (poco interesantes) uno de los tejanos a bordo le respondió a una broma con el gesto de que llevaba un arma encima. Freedom a tope.
La guía ya nos advirtió de que con el mal día de niebla y lluvia, quizás no viésemos la estatua. Así que las expectativas bajitas. Cuando por fin llegamos, en medio de la lluvia y la niebla sí pudimos verla, pero de bastante lejos y por poco tiempo. A los niños ya les bastó y a nosotros también, así que la dimos por hecha.



Mojados y cansados, decidimos darnos un homenaje en una osteria italiana de la zona.

De ahí nos fuimos al primer museo de día, el Museo Americano de Historia Natural (famoso por películas como una noche en el museo y por tener la mayor colección de esqueletos de dinosaurios). La visita fué breve porque llegamos 90 minutos antes del cierre, pero fue suficiente para nosotros y los niños. No está mal, pero los americanos saben venderse muy bien – nadie hace pelis del Hermitage o del museo del oro de Bogotá.
























Para compensar el museo educativo, nos fuimos en busca del “Museo del Slime” – en realidad es un espacio con experiencias varias alrededor de esta substancia pegajosa que se ha puesto tan de moda ahora gracias a Youtube (y que nosotros ya conocíamos como blandiblu)
Dejamos a los niños por su cuenta y nos tomamos un café mientras ellos experimentaban y toqueteaban todo tipo de slime. Por la cara con la que salieron, lo pasaron muy bien.



La última parada del día era uno de los momentos que más recordamos de nuestro primer viaje: ver Manhattan desde un rascacielos. Para nosotros fue el Rockefeller, así que esta vez elegimos el Vanderbilt (cada multimillonario deja su edificio aquí…donde también hay una torre Trump). Las expectativas estaban muy altas! Error.
Os acordáis de la niebla que por la mañana casi nos fastidia la experiencia? Pues no había acabado con nosotros…estaba ahí, esperando para fastidiarnos otra experiencia aún mejor. No pudimos ver absolutamente nada – las paredes del edificio eran muros blancos de niebla…fué frustrante, pero como podéis ver, nos lo tomamos con humor. Y había globos.








Leave a reply