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Caminando por el lado salvaje de la Vida (Bronx)

Domingo tocaba ir a misa. Fuimos en taxi hasta Canaan Baptist Church en Harlem para escuchar una misa gospel. Sebas y yo ya habíamos experimentado en otra ocasión cuando estuvimos en Nueva York anteriormente, pero queríamos que los niños lo pudiesen escuchar. Llegamos temprano y nos hicieron pasar al palco de arriba, que es donde estábamos todos los extranjeros, y la primera hora de la misa transcurrió con cantos de misa gospel. Y a la hora todo el mundo se fue y nosotros nos quedamos pensando que habría más. Y lo que sí que quedó fue la misa en sí, la misa de ellos, donde el párroco se dirigía a todos los allí presentes, hablando de política, con un ritmo y una cadencia en las palabras que recordaban al discurso tan famoso de Martin Luther King (otro pastor).

Fue muy interesante, aunque los chicos se aburrieron un montón. Un poco aburrido fue, no vamos a negarlo. De ahí fuimos a comer a un restaurante mexicano cercano y tocaba decidir después de comer qué hacer…y Hugo decidió que quería visitar el Bronx, por aquello de caminar por el lado salvaje de la vida.

Llegamos en metro y, aunque no es el barrio peligroso que uno se imagina o ve en las películas, sí que el nivel socioeconómico de las personas es muy bajo… es un barrio muy deprimido donde la pobreza y las adicciones se ven en cada esquina. No hay cafeterías para pasar un rato agradable, las tiendas están todas enfocadas a ser low cost y en general hay un ambiente de dejadez y suciedad. Encontramos algunas tiendas de saldos electrodomésticos descatalogados y muy antiguos, incluso un concepto interesante donde el lunes se traía el stock y cada día hasta el domingo iban bajando los precios.

Estuvo interesante el paseo. Pero como empezaba a llover, decidimos cambiar de tercios e ir al famoso puente de Brooklyn, una de las cosas que nos perdimos en el primer viaje. La verdad es que el puente es interesante y muy fotogénico, por lo que vas esquivando turistas que crean paredes imaginarias entre su móvil y la persona a la que están apuntando.

La última parada fue el árbol de Navidad que estaba en el Rockefeller Center. Se algo así como el árbol “oficial” de NYC, pero este año es más pequeño de lo habitual y la verdad es que no impresiona demasiado – lo que si asusta un poco son las decenas de personas vestidas de Batman, Grinch, Transformer o Mickey Mouse que hacen cualquier cosa para sacarse una foto contigo (y cobrártela).

Intentamos cotillear el mercado navideño de Bryant Park, pero estaba llenísimo de gente y era muy agobiante. Y tras pasear por Manhattan y comprar algunas cosas en 5th Avenue (cámara subacuática), decidimos volver al hotel. Cenamos en un restaurante japonés cercano al hotel y dimos por concluido el día porque el frío y la lluvia al final te acaban minando la moral. 

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