Llevábamos muchas semanas esperando este viaje a Indonesia. A diferencia de viajes anteriores esta vez habíamos vuelto a planificarlo casi todo al más mínimo detalle. Así que sabíamos exactamente lo que nos esperaba en nuestro primer trayecto desde Barcelona hasta Yogyakarta… un palizón.
La cosa empezó en el aeropuerto de Barcelona, donde la espera fue más larga de habitual porque no nos fiamos del control de pasaportes. Fuimos tres horas antes de la salida del vuelo y al final acabamos entrando por el control de seguridad especial con lo que tuvimos más de dos horas tranquilamente para esperar a que saliese nuestro vuelo. y que hicimos con esas dos horas? Iniciar el crimen.
Nos sentamos a tomar unos bocadillos de jamón ibérico y una buena botella de vino y entre risas ji ji ja ja, miramos el reloj y decidimos ir a la puerta de embarque. Entonces Sebastian le pregunta a Remei oye, quién ha pagado? Y nos echamos todos a reír, porque cerca de nuestras 50 años hacemos por primera vez en nuestra vida un sinpa, pero sin querer!


La paliza que nos esperaba después de eso era como un castigo divino. Después de las tres horas de espera en el aeropuerto de Barcelona tocaban cuatro horas de vuelo hasta Estambul, seis horas en la escala, 12 horas de vuelo hasta Yakarta, dos horas más de espera para el tren nocturno y cinco horas de tren nocturno hasta llegar a Yogyakarta. Y en Yogyakarta a dormir verdad? No, para nada, día entero de excursiones y actividades físicas.
Y aunque cueste de creer, la mayor anécdota del día, no fue sino el doble aterrizaje en Estambul. El patán del piloto entró demasiado rápido en pista y justo cuando las ruedas tocaban el suelo tuvo que corregir y volver a levantar el vuelo, dar toda la vuelta y volver a aterrizar por segunda vez…os imaginaréis que el pasaje iba bastante nervioso.








Esto lo estamos escribiendo desde el tren nocturno que nos lleva a Yogyakarta, así que a lo mejor no es la última anécdota del día. La verdad es que ya echamos de menos a Hugo..




