Hoy esel día en que hemos comprimido todos los templos y el volcán, así que el ritmo va a ser intenso. La primera parada van a ser los templos de Prambanam.














Igual que la primera vez que vinimos, lo más bonito fue en realidad el templo budista, que es menos conocido que los templos hinduistas de mayor tamaño. Lo bonito de esta experiencia es que aquí, sí que estuvimos completamente solos y a nuestro ritmo sin guía, aunque con un poco de prisa, porque el carrito de golf sólo nos esperaba 15 minutos, que fueron suficientes para caminar tranquilamente en el interior del templo, ver las estatuas, disfrutar de la sombra y de la paz de estar en el templo sin gente alrededor.













La siguiente parada era Borobudur, y la idea era llegar con el último turno para ver algo cercano al atardecer, pero el tiempo se nos echaba encima, así que tuvimos que parar en el primer restaurante turístico de carretera y comer en menos de media hora. Salimos con la comida en el esófago, pero llegamos a tiempo para el turno de las 3:30.
Aquí sí que las diferencias fueron enormes. La primera vez que vinimos fuimos caminando al templo por nuestra cuenta, subimos a nuestro ritmo y dimos vueltas alrededor del templo prácticamente solos. No nos costaba nada encontrar espacios vacíos donde sacar fotografías. Los niños jugaban, mirábamos el detalle de las inscripciones muy tranquilos. Salir del templo también era bastante libre, y recordamos un mercado de souvenirs larguísimo hasta encontrar la salida.
Esta vez encontramos una gran infraestructura a la entrada, tanto para comprar el ticket, como para llegar a la zona designada donde nos esperaban los guías. El paseo que llevaba hasta el templo estaba completamente asfaltado con árboles a los lados y césped muy bien cortado. Vamos, un pedazo de infraestructura. Nos dijeron que había que subir con guía y aquí llega un grupo de unas 20 personas, así que la libertad se fue al traste. También está limitado el tiempo que puedes estar encima del templo, te ponen unas pulseritas con el código de barras y te lo vuelven a leer al salir, mirando que no hayas pasado más de una hora en total en el templo. La cantidad de gente encima del templo está limitada, pero aun así es difícil encontrar un hueco para sacar una fotografía o tener el tiempo suficiente para encantarte con los grabados. El último nivel del templo está prohibido ahora, solamente es accesible para los monjes budistas que tampoco pueden subir arriba de todo. El templo no decepciona, sigue siendo hermoso y a esa hora del día espectacular, pero no podemos evitar las comparaciones.



















La última actividad del día era ir a ver el volcán Merapi. La idea era ir a uno de los puntos de observación donde podríamos ver el volcán, una vez entrada la noche de puede observar pequeños hilos de lava bajabando por él.
Antes de ir al volcán, le pedimos al conductor que nos llevase a comprar un poco de café Luwak y nos tomamos un par de tazas.

Con el volcán no tuvimos tanta suerte. Nos pasamos unos 30 minutos viendo una nube que tapaba el volcán y riéndonos de vez en cuando, cuando alguien decía que veía una pequeña chispita por aquí o por allá.




Aun así, la noche fue muy agradable y volvimos súper contentos al hotel. La buena compañía hace que te olvides de las cosas que han cambiado para mal y que te fijes en todo aquello que no habías hecho la primera vez que viniste.





