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Tumpak Sewu

Pasamos una noche terrible en el tren, sobre todo porque anunciaban la siguiente parada prácticamente cada hora por el altavoz, a toda pastilla y con una profusión de palabras en inglés e indonésio.

Al entrar con el tren a la ciudad de Malang, pudimos ver desde las ventanillas la villa de arcoíris como se llamaría en castellano (Rainbow Village). La historia es bastante singular, porque era un lugar donde había bastante pobreza y delincuencia hasta que a un estudiante se le ocurrió pedir un patrocinio de un fabricante de pinturas, y comenzaron a pintarla de colores para atraer a turistas. La cosa funcionó, y ahora es un lugar donde la gente va en masa a hacer colección de fotitos de Instagram:pero deja dinero, y eso ha reducido la pobreza y la delincuencia. Esta es la historia que nos contó la guía, no sabemos cuál será la versión completa.

La furgoneta en la que nos recogieron era grande, espaciosa y limpia. Todo, menos cómoda. Hicimos lo que pudimos para dormir las tres horas de trayecto que había hasta la catarata Tumpak Sewu, y una vez allí nos dispusimos a bajar por unas escaleras, que dejaron de ser escaleras muy pronto para convertirse en piedras  partes de río, zonas resbaladizas con cuerdas, tablones, cadenas….

No hay mucho que explicar de lo que vimos, porque todos se explica en las fotos. La forma de recorrer las cataratas y las cuevas fue una gran parte de la experiencia. Entre peligroso y divertido, no ha sido todavía  conquistads por el turismo de masas. Seguro que dentro de 10 años habrá pasarelas, asfalto y hasta un Starbucks en la entrada.

Exhaustos, pero muy contentos, volvomos a la furgoneta para otro viaje de más de tres horas. Llegamos a Bromo ya de noche, sobre las 6:30 de la tarde para encontrarnos con nuestro hotelito al más puro estilo Zulema.