Enfrente de Bali, hay una isla llamada Nusa Penida. Menos desarrollada y teóricamente menos masificada que Bali, donde el principal atractivo son las playas y los paisajes de acantilados. Este era nuestro próximo destino durante los siguientes tres días.
Para ser un destino de relax, las cosas empezaron con bastante estrés. Nuestro conductor nos llevó al puerto equivocado después de una larga caravana, así que solo nos quedaban diez minutos para embarcar cuando nos dimos cuenta de que estábamos en el lugar equivocado. Corre, corre, corre, estrés, gritos, risas, y finalmente llegamos al lugar que tocaba.
La llegada también fue un poco accidentada, porque nuestro conductor nos dijo que tenía una ceremonia por el tercer mes de su hijo y que nos mandaba a su tío, que no hablaba ni papá de inglés; y porque a última hora nos dice que no podía conseguir aletas para hacer snorkel. Con todo este mosqueo y estrés llegamos a nuestro hotel (The Own Cottage), que sin ser tan lujoso y espectacular como el de Bali, nos pareció mucho más acogedor y tranquilo.
Por fin iba a ser nuestro primer día de playa. Teníamos muchas ganas de un día de relax y playa, después de tanto tiempo en Indonesia sin remojarnos . Nos cascamos más de una hora de coche en unas carreteras estrechas llenas de curvas y donde cada dos por tres teníamos que pegar un frenazo para no comernos a la furgoneta que venía de frente.
Cuando por fin, súper ilusionados, bajamos del coche con ganas de tirarnos de cabeza a la playa, nos encontramos que el conductor había decidido empezar el recorrido por el sitio más turístico de la isla. Un lugar donde la gente no va a bañarse, sino que camina 1 km bajo el sol entre tiendecita de souvenires simplemente para sacar una famosa panorámica de Kelingking beach o T-rex Bay , que por supuesto acabará en Instagram. A estas alturas nosotros nos aparecían esas imágenes que están en las pelis cuando soldados tiene flashbacks de los días en Vietnam pensando que en esta isla también íbamos a encontrar turismo de Instagram. Fotitos y grandes colas de turistas. Un bajón.
La panorámica, no es más que otro de los bonitos acantilados de la isla, donde el gran atractivo es que parece un dinosaurio.
Por suerte, para acabar el día, encontramos un buen restaurante, donde Sandra se animó a hacer un dúo con el cantante y Amalia pudo tocar cachorritos.






Al día siguiente, íbamos a visitar uno de los grandes atractivos de la isla, las mantas. Tuvimos suerte y vimos dos, aunque por lo visto es bastante habitual verlas en este punto. Es un animal que se nos ha resistido históricamente, así que estamos encantados de haberlo visto por fin. Aquí os dejamos un vídeo.



El resto del día fue de snorkel.
Al día siguiente volvimos a comer al mismo restaurante, descansamos un poco y volvimos a la aventura.
Esta vez lo que había que ver, eran unas piscinas naturales (aunque muy naturales no eran porque había tubos que les alimentaban) en medio de la jungla y enfrente del mar. La verdad es que el paisaje era precioso. Estuvimos tranquilos, pudimos disfrutar del agua y sobre todo de lo divertido que fue subir y bajar unas carreteras súper empinadas montados en moto. Para Amalia era la primera vez en su vida que se montaba en una. Esto sí que es empezar a lo grande.















La última actividad fue ir a un par de miradores, donde pudimos ver los acantilados más bonitos de la isla. El agua era tan clara que incluso desde ahí arriba pudimos ver otra vez mantas y tortugas.






La vuelta estuvo mejor planificada. Cogimos el ferry a tiempo y después de un poco de regateo conseguimos un taxi hasta Kuta, la capital absoluta del turismo en Bali. Dormimos aquí para estar a pocos minutos del aeropuerto porque nuestro vuelo era muy temprano por la mañana, pero quisimos aprovechar la ocasión para reservar en uno de los mejores restaurantes de la isla, The Plantation Grill.
La cena fue espectacular tanto por la comida como por la compañía y el ambiente. Además nos cantaron ópera en directo mientras de fondo tiraban fuegos artificiales. Maravillosa despedida.


De aquí nos vamos a Labuan Bajo, donde embarcaremos en nuestro phinisi, un barco privado, que nos llevará durante cuatro días a recorrer el parque nacional de Komodo. Será la cuarta fase de este viaje para nosotros y la última para Joan Carles y Remei.



