• Menu
  • Menu

Joao Pessoa, un descanso en el camino

  1. Un largo viaje hasta Brasil
  2. Rumbo a Río
  3. Lençois Maranhenses
  4. Caburé, el faro y el Rio Preguiças
  5. Traslado Infernal, ahora con niños!
  6. Visitando el paraíso
  7. Segundo día de playas
  8. Nos despedimos de Noronha
  9. Casita de colores y buen rollito
  10. Joao Pessoa, un descanso en el camino
  11. Capoeira y samba en Salvador
  12. Contrastes en Salvador
  13. Preparándonos para las Cataratas
  14. Cataratas de Iguazú: Lado Argentino
  15. Cataratas desde el lado brasileño y un asado argentino
  16. Sao Sebastiao do Rio do Janeiro
  17. Haciendo el Guiri en Rio

Porqué cruzó la gallina la carretera? Así empiezan muchos chistes norteamericanos…los brasileños podrían empezar con “¿Porqué fueron los turistas a Joao Pessoa?”

Nosotros fuimos a ver el centro histórico, y nos fuimos de allí sin verlo. Otros van por sus playas, nosotros las vimos y no nos gustaron. Las guías lo recomiendan como un lugar aún por descubrir del panorama turístico brasileño, y a nosotros nos pareció muy descubierto.

¿Decepción? No, la verdad es que no. Dado que nos quedamos casi 1 día entero en Olinda (donde sí vimos el centro histórico), en Joao Pessoa sólo pasamos 2  noches y 1 día, y lo aprovechamos para descansar de tanto viaje.

Visitamos el centro de las ciencias y las culturas. Fuimos en taxi, contemplando como las zonas más ricas ponían vallas electrificadas y cámaras de vigilancia para evitar que los más pobres decidieran “redistribuir la riqueza” sin tantos intermediarios. Es increíble como tan pocos acaparan tanto a pocos metros de los más miserables. Al final, el precio de tener dinero aquí es ser un paranoico de la seguridad.

Los enanos se lo pasaron bastante bien. Había una exposición graciosa sobre animales hechos con verduras que les encantó.

De allí nos fuimos al punto más oriental del continente (este tipo de cosas les encantan a los turistas y quedan bien en los blogs), donde nos cascamos unos helados de caipiriñas con cobertura de ron (estamos hechos unos alcohólicos en este viaje)

Bajamos en autobús hasta las playas y después de una copiosa y lenta comida (se nos van 2 horas comiendo cada día, el servicio aquí es muuuy lento) volvimos a nuestra pousada (Suisse Residence).

Disfrutamos de siestas, duchas, piscina y wi-fi. Nos relajamos y tomamos fuerzas para continuar con el avión al día siguiente hasta Salvador de Bahía.

Hay que hacer mención especial a Suisse Residence. Muy pocas veces hemos recibido una atención tan espectacular del dueño de un hostal, hotel o posada. Hans se levantó a las 04:30 para prepararnos el desayuno. Increíble.

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *