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Casita de colores y buen rollito

  1. Un largo viaje hasta Brasil
  2. Rumbo a Río
  3. Lençois Maranhenses
  4. Caburé, el faro y el Rio Preguiças
  5. Traslado Infernal, ahora con niños!
  6. Visitando el paraíso
  7. Segundo día de playas
  8. Nos despedimos de Noronha
  9. Casita de colores y buen rollito
  10. Joao Pessoa, un descanso en el camino
  11. Capoeira y samba en Salvador
  12. Contrastes en Salvador
  13. Preparándonos para las Cataratas
  14. Cataratas de Iguazú: Lado Argentino
  15. Cataratas desde el lado brasileño y un asado argentino
  16. Sao Sebastiao do Rio do Janeiro
  17. Haciendo el Guiri en Rio

Volvimos desde Fernando de Noronha al aeropuerto de Recife, y una vez más pasamos de Recife y nos fuimos a Olinda. Esta vez, a un hotel con Piscina (Hotel San Francisco).

Después de 5 días con las mismas sábanas y sin toallas, con suelos sucios y bichos en las habitaciones, esto era como entrar en el Valhalla por la puerta grande.

Fuimos a dar un paseo por Olinda a las 19:00, cuando ya era de noche, pero volvimos pronto porque nuestro nivel de paranoia sobre la seguridad con niños es muy alto en Brasil.  Quizás hemos leído demasiado, quizás los niños nos vuelven cobardes, pero en cuanto vimos un par de calles mal iluminadas nos volvimos al hotel.

Al día siguiente, decidimos aprovechar la piscina con los enanos y alargar nuestro día en Olinda (en detrimento de Joao Pessoa). A Sandra se le ocurrió coger un Taxi para 6 hasta Joao Pessoa en lugar de un autobús (por 25 € de diferencia podíamos elegir la hora a la que nos íbamos), así que salimos a conocer el centro histórico de Olinda (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO)

Y fue una muy buena decisión. Lo único malo fue el sol que hacía, pero lo solucionamos metiéndonos en un restaurant a meternos una ración de Langosta a la salsa de coco para 4, con sendas cervezas heladas.

Por la tarde, con más sombra, todo se veía mejor. Las casas de colores y las calles adoquinadas, las tiendecitas de artesanías y los vendedores ambulantes…nos recordaban un poco a Antigua (Guatemala), pero más caótico (y vivo).

Subimos hasta la parte alta, donde se puede ver el contraste entre los tejados de Olinda y los edificios de Recife, con la playa de fondo, escuchamos a unos músicos que nos cantaron por unos reales y volvimos al hotel a tomar el taxi.

Como viene siendo costumbre en estos países, el taxista (de unos 150 kilos), conducía con un desprecio total por la vida. A 140 Km/h por autopistas en mal estado, de noche con cristales tintados (incluso los delanteros) y adelantando por la derecha…huelga decir que no dormimos durante el viaje, pero que mejor haberlo hecho para no sufrir tanto.

Por fin llegamos a Joao Pessoa y nos encontramos con 2 sorpresas: el centro histórico (lo que veníamos a ver) no es la gran cosa (es mejor Olinda) y el hotel que elegimos es genial (Suisse Ressidence), con piscina y espacio para los enanos.

Salimos por la noche a cenar al paseo marítimo, donde Hugo lo pasó genial caminando entre extraños con una pelota que le compró Sebas. Fue un paseo agradable, donde el enano se relacionaba con cuanto cristiano se le pasaba por delante. Es una diva.

Todo apunta a que Joao Pessoa será un descanso en el camino, un día de piscina con enanos y relax en una casa tranquila.

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