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Torre del Tambor, Torre de la Campana y Hutongs

  1. Tope Chino
  2. Dentro de la Ciudad Prohibida
  3. Último día en Beijing
  4. Datong
  5. Pingyao: Como en las pelis de chinos
  6. Chucky I, Chucky II
  7. Rumbo a Xi’an (Paz Celestial)
  8. Los guerreros de Terracota
  9. No Shopping Tour (Jiuzhaigou)
  10. El Budha gigante
  11. Queremos un Panda
  12. Yangshuo: Bola de Drac Z
  13. Río Lí: Fani y su macabra influencia de nuevo
  14. Right to be Wrong
  15. Pavarotti no era chino
  16. Planificando nuestro segundo viaje a China
  17. Engullidos por Hong Kong
  18. Gincana en Fuzhou
  19. Wuyi y los 1000 escalones
  20. Días de Sudor en Huangshan
  21. Hongcun y el Valle Esmeralda
  22. Hangzhou y el West Lake
  23. Día perdido en Suzhou
  24. Jardines Clásicos de Suzhou
  25. Disney Shangai, sin Disney
  26. Tongli y despedida de Suzhou
  27. Xian, segunda parte
  28. Everybody is Kung Fu fighting! Luoyang y monjes Shaolin
  29. Las Grutas Longmen
  30. Torre del Tambor, Torre de la Campana y Hutongs
  31. La Ciudad Prohibida, otra vez
  32. La Gran Muralla – esta vez la versión más ortodoxa
  33. La China Moderna – El Parque Olímpico

Como decíamos, íbamos como zombies pero algo teníamos que hacer, así que cogimos el metro y nos plantamos en los Hutong, o barrios de casas antiguas donde vivían los chinos antes de construir los megabloques donde viven ahora.  Paseamos sin rumbo alrededor de la Torre del Tambor y la Torre de la Campana hasta que abriesen a eso d elas 9.00. Comimos pan con huevos fritos, una especie de tortitas pero necesitábamos café en vena.

Finalmente y siendo los primeros entramos en la Torre de la Campana, una empinada cuesta, uan enorme campana y unas bonitas vistas de los Hutongs. Al acabar justo enfrente, fuimos a la Torre del Tambor, llegamos tarde a ver como lo tocaban pero pudimos escucharlo. De nuevo escaleras empinadas, tambores y bonitas vistas.

Después de salir de alli sí fuimos a por un café, lo necesitábamos. Hicimos tiempo dentro del local, Sebas se cortó el pelo y al acabar nos dirijimos a por las mochilas y a nuestro alojamiento. Nos separamos para que  los niños se fuesen antes a descansar. Martín y Sebas fueron a recoger las mochilas en consigna y nosotras fuimos a llevar a los niños al alojamiento.

Fue un poco desastre, ellos llegaron más tarde de lo previsto, teníamos más sueño que hambre, así que nos fuimos a dormir una siesta sino era imposible continuar con el día.

Al despertarnos todos y ya recuperados nos fuimos a pasear a la calle más comercial de Beijing en busca de un puesto para comer, la calle en cuestión es Wangfujing y al inicio de la calle en un lateral al lado de una tienda de palillos chinos empieza el festival de la comida. Una calle estrecha decorada con farolillos rojos y mucha luz, y por supuesto mucho guiri, y decenas de puestos de comidas. Algunas comidas extrañas para nosotros, como caballitos de mar, escorpiones, estrellas de mar, cienpies, todo eso ensartado en pinchos, los frien y ala a la boca el rico manjar. Los olores eran agradables a veces, nauseabundos otras. Comer allí es caro, es apto para turistas, pero encontramos unos pinchos de cerdo, dumplings y calamares bastante decentes y baratos, nada que no arregle unas cervezas medio frías. Nos timaron con una fritanga de gambas y pescado por el que nos clavaron un pastón, y era solo eso, fritanga.

Al acabar y pasear por la calle principal nos fuimos a dormir. Mañana, la Ciudad Prohibida.

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