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Las Terrenas

El día de Navidad salimos por patas, tras la última pelea por el desayuno. Tras 4 horas y media de trayecto llegamos a Las Terrenas, en el nordeste de la isla. Por fin disfrutamos del sabor local, más auténtico, no sin olvidar que seguimos en un emplazamiento turístico (en el camino nos encontramos una cueva y unos paisajes que ya prometían cosas buenas)

Nuestro alojamiento estaba en un pequeño complejo privado enfrente de la playa, el apartamento gozaba de todas las comodidades y de piscina comunitaria. Como llegamos cuando al atardecer disfrutamos un rato de la playa algo movida y con olas antes de ir a cenar,menos Hugo que se había hecho una herida bastante fea en el pie jugando a fútbol en la arena y decidió darse un respiro. Tampoco quiso venir a comprar al supermercado y se perdió el ambientillo, las tiendecillas y la música a toda pastilla de los múltiples locales donde venden alcohol. También se perdió la experiencia de meternos varias veces en contra dirección porque las señales son bastante diferentes a las nuestras.

Una vez con nuestras compras para hacernos los desayunos (teníamos que madrugar los dos días), cenamos en el restaurante menos Sandra y Hugo que se encontraban mal y prefirieron que se lo trajeran al apartamento.

Al día siguiente empezaba nuestra aventura por los sitios emblemáticos de esta zona y estábamos con muchas expectativas. Antes de continuar vamos a hacer una recapitulación de pequeñas adversidades:

  1. Nos llovió bajo un frío gélido en New York , acabamos empapados.
  2. Al llegar a San Juan (PR) no sólo diluvió sino que se fue la luz.
  3. Al llegar a Playa Bávaro trajimos la lluvia y el mal tiempo con nosotros.

Pensamos, ya está se acabó la mala suerte….esa noche no sólo llovió sino que amanecimos sin agua en el apartamento debido a una avería general. Bueenooo, nosotros nos vamos a divertir igual…. Y allá nos fuimos a Samaná, a coger un catamarán para ver el Parque Nacional de los Haitises y bañarnos en Cayo Levantado.

La primera parte del día, cuando íbamos camino el Parque en nuestro catamarán… empezó a llover y nos mojamos un poco, pero amainó enseguida y pudimos ver delfines.

Pasamos por manglares antes de ver un par de cuevas muy interesantes con pictogramas indios de unos 300 años, la verdad es que las cuevas no eran gran cosa, pero los pictogramas sí fueron algo distinto a lo que hemos visto en petroglifos más antiguos.

Al salir de las cuevas, por suerte, salió el sol, y lloramos de alegría, pues pudimos comer tranquilamente en Cayo Levantado y disfrutar del primer baño con sol abrasador en el Caribe.

Dimos una vuelta por Samaná antes de volver a Las Terrenas y prepararnos para el día siguiente. Al final, salvamos el día por los pelos. Al volver al apartamento nos duchamos pues volvíamos a tener agua…. Para tres, el cuarto (Sandra) se quedó sin poder ducharse porque nos quedamos de agua de nuevo. Llenos de arena y sal como íbamos, Sandra no se lo pensó dos veces y fue a la piscina a ducharse, estaba harta de que no funcionasen las cosas.

No nos rendimos, esto tiene que salir bien, y así madrugamos el día siguiente todavía sin agua pero con esperanzas puestas en las Galeras. Contratamos una lanchita (el dueño del tour era el teniente general de la policía) que nos fue llevando de playa en playa para hacer snorkel. Empezamos en Playa Frontón, donde hicimos snorkel y comimos en una chiringuito (el sentido más estricto de la palabra, dos tablones y poco más) arroz con pollo y pescado, unas piñas y unas piña coladas. La segunda playa fue La playa de Madame, que era una playa paradísiaca para el baño pero no para el snorkel. Por último volvimos a Las Galeras, donde nos quedamos en sus playas kilométricas, con gente local, música y unos cócteles (cargados como el diablo) antes de volver a Las Terrenas.

El camino de vuelta, de noche, fue de los más estresante que hemos vivido al volante, por la carretera serpenteante que atraviesa pueblos donde la gente anda por la carretera (no hay aceras) sin iluminación y sin luces o linternas, además de las vacas que te puedes encontrar, motos, camiones, etc. Eso no hubiese sido tanto si no hubiésemos ido con la luna delantera empañada, ouuu mamma, sin que hubiese manera de solucionarlo, ya sea subiendo y bajando ventanas, poniendo el aire a toda pastilla, etc.. Conclusión, no veíamos un carajo durante todo el trayecto.

Llegamos contra todo pronóstico sin matarnos ni matar a nadie, y ya sí con agua, nos duchamos y cenamos en el hotel, too much!.

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