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Santo Domingo

Dejamos nuestro paraíso en Las Terrenas, obviando una de las atracciones de la zona, La Cascada del Limón, ya que se accede a caballo y nos enteramos del maltrato al cuál son sometidos los caballos, no quisimos aportar nuestro grano de arena. Así que fuimos directamente a Santo Domingo, a la zona colonial, donde teníamos el hotel, regentado por un francés muy disfrutón.

Antes de ir al hotel paramos en el parque nacional de los Tres Ojos. Se trata de una serie de cuevas kársticas y cenotes en medio de Santo Domingo – literalmente en medio de la ciudad. Esto es quizás lo que más sorprende – que es como entrar en un parque cualquiera de una ciudad, bajar una escalera y aparecer de repente, como teletransportados, al corazón de una jungla idílica. No lo esperábamos en absoluto, y la falta de expectativas hizo que después de mucho tiempo, volviésemos a decir en voz alta un “guau!”.

Esa noche los niños prefirieron quedarse en el hotel cenando comida basura, y los adultos fuimos a la calle peatonal más famosa, la calle Conde, plagada de tiendas, chiringuitos de comida casera y restaurantes. Dimos un paseo y compramos una mochila para Amalia ya que se le había roto la suya, cenamos en un bonito restaurante por un ojo de la cara y volvimos al hotel, ya que Sandra no se había encontrado del todo bien esa tarde.

El paseo fue agradable, con el bullicio de la gente local, los bares en las esquinas plagados de gente y con música a toda pastilla. Además, se estaban preparando para la fiesta de fin de año, festejando con la bebida y con petardos que no dejaron de sonar en toda la noche.

La mañana siguiente la dedicamos a pasear por la fortaleza que construyeron los españoles cuando colonizaron la isla, y que fue la primera en construirse en el Caribe. Callejeamos e hicimos algunas compras de Larimar, la piedra preciosa que solo se encuentra en República Dominicana y en ningún otro lugar del mundo, que se sepa.

A las 16 horas ya estábamos montados de nuevo en el ferry de vuelta a San Juan (PR), como ya habíamos pasado por esto, repetimos algunas cosas, el karaoke , los cócteles y poco más. Esta vez el barco iba casi vacío y pudimos descansar muy bien.

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